Rosa Tamsec ha sido emprendedora toda su vida. Incursionando en diferentes negocios, llegó al rubro educacional, con el que ganó el premio a Mujer Impacta 2017.

 

De emprendedora a fundadora de colegios. Nacida en Calama en 1950 y descendiente de un padre chino y una madre española buena para las actividades comerciales, Rosa Tamsec ha vivido todas las etapas del emprendimiento.

Recuerda, por ejemplo, que desde pequeña tuvo una inclinación por eso. El primero, de hecho, fue vendiendo en el patio del colegio: turrón casero en los recreos, porque no todos alcanzaban a comprar en el quiosco.

Su infancia transcurrió entre Calama y Chuquicamata y a los 19 años, emigró al sur a estudiar Pedagogía en Educación Física. En 1972 se trasladó a Coquimbo junto a su esposo. “En ese tiempo yo trabajaba en la Compañía de Teléfonos. Ahí vendía ropa que traía de Santiago en la oficina”, dice. De esa iniciativa, se gestó un minimarket multipropósito, que se mantiene hasta hoy en la ciudad puerto.

Casi dos décadas más tardes y con una familia ya formada, Rosa decidió incursionar en el negocio de los extintores: un rubro poco conocido y explotado en ese tiempo y muy necesario para las empresas que crecían a pasos agigantados. Tras más de 30 años, la empresa -Wilug- emplea a más de 150 trabajadores y ha sido reconocida por la industria.

Rosa Tamsec y su compromiso con la educación para adultos

Rosa Tamsec y el rubro educacional

Pero no sólo Wilug y el minimarket en Coquimbo son parte de los negocios de Tamsec ha llevado adelante: hace ya varios años es conocida en la región por haber incursionado en el rubro educacional.

La idea se gestó cuando se dio cuenta de que muchos de sus empleados no habían terminado cuarto medio. Quiso ayudarlos, porque asegura que tenían a personas que eran excelentes técnicos, y querían entregarles la herramienta de la educación.

Así en 2004, dieron inicio al Colegio San Luis, sólo para adultos. “Yo pensé que íbamos a tener 10 alumnos por sala, hicimos dos. Sin embargo, llegaron más de 200 personas”, cuenta.

“Para mí, cada problema que se me presentaba era oportunidad de emprender o de ayudar a otros”, comenta, con un último -y gran- ejemplo: una vez iniciado el proyecto educativo de adultos, descubrió una nueva urgencia: muchos de los alumnos no tenían un lugar para dejar a sus hijos mientras ellos estudiaban. ¿La solución? Abrir un segundo colegio, ahora enfocado en los niños.

La institución recibe desde 2007 a niños de todas las edades: desde kínder a cuarto medio. Estos colegios particulares subvencionadas son reconocidos por el Ministerio de Educación e hicieron con que Mujer Impacta la premiara en 2017.