A medida de que el niño crece y deja de ser un bebé, también lo hacen sus deseos y requerimientos específicos. En esos momentos, algo a lo que muchos padres se enfrentan es a las famosas rabietas.

La psicóloga Dona Matthews de Psychology Today da algunos consejos sobre cómo lidiar con ello, indicando que un error que cometen los padres es responder con enfado y castigos.

Explica que la agresividad como los golpes, mordeduras, rasguños y patear es algo que suelen hacer los niños pequeños ante un deseo no cumplido, y es su forma de informar ante no saber comunicarse bien. 

Para actuar ante las rabietas de tu hijo, la psicóloga da cuatro pasos que te harán este proceso más fácil.

1. Detén la agresión

Es importante que encuentres una forma amable y no agresiva de detener los golpes o rasguños. Si te pega con la mano, puedes sujetarlas para que no lo haga. Si te va a morder, protégete con el brazo. 

De esta forma, tendrás el control y le mandarás el mensaje de que no puede “usar sus armas” o descargarse con otra persona.

2. Ir a un lugar privado

Rabieta de niño en lugar público

Si tu hijo comienza a hacer una rabieta en un lugar público y rodeado de gente, lo mejor sería que pudieras encontrar un sector alejado y libre de miradas. 

Allí, ambos se podrán calmar, alejarás al niño de la situación que inició su pataleta, y le permitirá a tu hijo “mantener su dignidad”, pues, dice Matthews, a esa edad también sienten vergüenza de las miradas.

3. Exprésale tranquilo que la agresión no es la forma

Madre hablando con hija

Una vez que estés en un lugar tranquilo y hayas detenido las agresiones (puede tardar un buen rato, así que ten paciencia) es recién momento de actuar.

Debes estar siempre seguro y con calma, no enfadado ni fuera de tus casillas, mirarlo a los ojos y decirle tranquilo “en nuestra familia, no golpeamos”. Es importante TÚ autocontrol para que él pueda desarrollar el suyo. 

Sé amable, asertivo y fuerte”, dice la psicóloga.

4. Habla con él

Luego de darle el primer mensaje corto y seguro, espera un tiempo para que tu hijo se calme, aunque no mucho (lo ideal es que no sea más de media hora). Entonces, llámalo para hablar sobre el tema.

Ahí, explícale que la agresión no es la forma, y enséñale que debe poder expresarse con las palabras. Por ejemplo, en lugar de golpear, enséñale a decir qué siente o requiere.