Cuando me llevaron a la sala de parto, la enfermera me dijo que personas como yo, no debían tener hijos y que yo debería haber abortado”, parte el testimonio de Francisca a BBC Mundo.

La mujer (cuyo nombre real prefiere no nombrar) había sido diagnosticada de VIH luego de quedar embarazada, y decidió tener a su hijo realizando el tratamiento con antirretrovirales para que su bebé no se contagiara. Su hijo nació sano, pero ella quedó con una herida para siempre tras el día del parto.

En 2002, cuando tenía 20 años, fue a dar a luz al Hospital de Curicó. Allí indica que la trataron de forma negligente, la criticaron y lo peor, le realizaron una esterilización mediante la ligadura de las trompas de Falopio sin su consentimiento.

(La enfermera) Me decía: "Eres una inconsciente, porque qué futuro le espera a tu hijo si tú te vas a morir’”, cuenta.

Mujer triste mirando la ventana

De verdad fue desgarrador, me duele el alma. Estaba con todo el dolor del parto y que una persona te esté diciendo que te vas a morir y que a lo mejor no vas a conocer a tu hijo y con todo el desconocimiento que yo tenía en ese momento, me da rabia, frustración".

Y después al otro día, como si nada, me dicen: "Estás esterilizada, ya no vas a poder tener más hijos", explicó.

“Se ensañaron contigo”

Cuando fue informada de su cirugía, la joven no supo de inmediato que no era legal lo que le hicieron:

“Después, yendo a los controles rutinarios, me empecé a contactar, a abrir más con personas que tenían mi misma condición y ahí me fueron informando que no era legal, que me habían violado mis derechos, que no debieron haberme esterilizado”, señala.

Finalmente, Francisca presentó una demanda en 2007 con los abogados de Vivo Positivo contra el médico que realizó la intervención. 

“Cuando me hicieron los exámenes para presentar la demanda, recién me dijeron qué nivel de daño tenía. Hasta entonces no sabía el daño que tenía adentro”, señaló.

Hasta que cuando iba a presentar la demanda un médico me dijo: "Parece que se ensañaron contigo porque te cortaron (las trompas de Falopio) más de lo normal", dijo a la BBC.

Denuncia al Estado

En 2008, la justicia archivó el caso por falta de pruebas y porque el hospital dijo que Francisca dio su aprobación verbal. 

Esto no fue así, e incluso en la normativa entre 2000 y 2018 se especifica que el consentimiento debía ser a través de un documento firmado por la paciente, documento que jamás existió.

Al cerrarse el caso,  el Centro de Derechos Reproductivos (CDR) asumió la defensa de Francisca, y en 2009 denunció al Estado chileno por la intervención no consentida ante la CIDH.

El organismo admitió el caso en 2014, y en 2017 recién el estado ofreció firmar un acuerdo amistoso con la víctima, quien aceptó. 

Se trata de que el estado se comprometa a tomar medidas para que no ocurra nunca otra esterilización forzada en el país, junto con una indemnización económica, y que provea a ella y su hijo de salud, vivienda y educación.

Hasta el día de hoy Francisca sigue esperando que el estado cumpla el acuerdo.

El sueño roto de ser madre por segunda vez

La mujer tenía el sueño de ser madre soltera por segunda vez, esperando que la esterilización fallara. Sin embargo, al cumplir los 38 años desistió de ese anhelo.

“El segundo año (después de tener a su hijo) yo todos los meses esperaba quedar embarazada, esperaba que no me llegara el periodo y cuando me llegaba, sufría mucho porque otra vez lo había intentado y no podía”, cuenta.

Mujer triste llorando

“Siempre me proyecté que hasta los 38 años tenía posibilidad de quedar embarazada, de hacerme una FIV. Así que cuando yo cumplí 38 años, lloré mucho, porque no podía aceptar que ese era mi punto final”, dice Francisca.

La joven reflexiona acerca de su traumática experiencia: 

Al final, la esterilización ha sido más dolorosa que la enfermedad (VIH), porque la enfermedad ya la acepté, ya me tocó”.

“Pero la esterilización no, porque me mutilaron. Me siento vacía, me siento mutilada, es como si te faltara un brazo, una pierna”, expresa.

 

Fotos: Cecilia Tombesi/ Freepik