Carolina Reyes
Por Carolina Reyes Cristi
, Psicóloga, Magíster en Psicología Educacional y Directora Colegio Monteluz

Se ha convertido en un malestar que nos afecta a las madres del siglo XXI. Un sentimiento de responsabilidad sobre algo que hice o que dejé hacer, una sensación de haber hecho algo malo o de haber dañado -en este caso a nuestros hijos -y que actúa como un permanente malestar que no nos deja tranquilas.

Desde mi punto de vista, esto tiene relación con la incorporación de las  mujeres al mundo del trabajo, ya que lamentablemente ha generado una alta autoexigencia, una incansable búsqueda por querer “hacerlo todo bien”: ser excelentes madres, buenas trabajadoras, parejas y un sin fin de etc. y esto indudablemente nos ha “pasado la cuenta”, traduciéndose en una falta de libertad para poder hacer aquello que deseamos cuando queramos, sin experimentar culpa.

Ahora, ¿por qué somos las mujeres quienes nos sentimos atrapadas en este sentimiento y no los hombres?

El vínculo madre-hijo, suele ser más potente, intenso y simbiótico que con los padres, sobre todo durante el primer año de vida, donde se habla de una fusión total de las emociones de la madre con las del hijo. Esto quiere decir que si la madre se encuentra triste, enojada o  deprimida, el bebé también lo siente, no así con el hombre. Frente a esto entonces me pregunto: ¿Cómo no vamos a sentirnos responsables del sentir de nuestros hijos?

Además de estos factores, he visto que a muchas mujeres les cuesta más soltar y delegar, un ejemplo de ello es cuando dicen: “mejor yo lo hago”. Con esta práctica volvemos a la autoexigencia y a la necesidad de control, ya que nos cuesta confiar en que el otro sí podrá cumplir lo que se debe hacer,  generando que el peso de las labores sólo recaiga en nosotras. 

Finalmente, vivimos en una sociedad donde el patriarcado y el machismo aún son parte de diversas dinámicas laborales, culturales, sociales y familiares donde la mujer es puesta en tela de juicio constantemente, más cuestionada y exigida que el hombre. Por ejemplo, si una madre no se hace cargo de sus hijos, es mucho más criticada que si un hombre no lo hace, de hecho esto último está normalizado.

Bajo esta realidad, las mujeres “no podemos equivocarnos”, “no podemos tener tiempo para nosotras”, “no podemos trabajar todo el día ni tampoco llegar tarde a casa”, en resumen, no tenemos permitido “abandonar nuestro rol”. Debemos hacerlo todo bien, de lo contrario, seremos castigadas socialmente.

Considerando estas dinámicas, para poder vivir la maternidad con menos culpas, recomiendo delegar, soltar y confiar en que otros sí pueden colaborar, ya sea la pareja, amigos, familiares u otros. Buscar redes protectoras que nos ayuden a vivir una maternidad acompañada, para así, no sentir el peso y la responsabilidad de hacerlo solas.

Junto con esto, no olvidar que si nosotras estamos bien, nuestros hijos también, el autocuidado y el conectarnos con actividades que nos generan placer y calma, es fundamental para dejar la culpa a un lado.