Miriam Coronel, una profesora de lengua y literatura, comenzó las gestiones de adopción de su alumna en San Andrés de Giles, una localidad bonaerense ubicada a unos 103 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. 

Se trata de Camila, una joven que se mostraba tímida en clases y que de un momento a otro, dejó de asistir a la escuela. Fue así que la docente de 42 años, inició una historia familiar.

Hoy la joven es parte de la familia Marchese Coronel, pues también se suman sus hermanos Ian, de 14, y Lorenzo de 12, también adoptados porque Miriam estaba asumida que jamás podría concebir.

A los 12 años le diagnosticaron un tumor en el útero que le impide gestar. “Después de consultarle a mi obstetra y a mi ginecólogo decidí no traer un hijo al mundo si eso implicaba arriesgar mi salud. Aunque a Néstor (su marido) le costó, me apoyó en la decisión”, comenta Miriam a Infobae.

Comenzaron el proceso a principios de 2017. “Una compañera de trabajo me mandó un flyer para una charla informativa en la Ciudad de Buenos Aires y fuimos. El encuentro fue iluminador”, recuerda. Luego, se inscribieron en la Dirección Nacional del Registro Único de Adoptantes. Y tenían claro que querían adoptar a niños de cero a diez años y no bebés recién nacidos. “Ya estamos grandes para cambiar pañales”, apunta. Fue entonces cuando llegaron los dos hermanos de Camila.

familia

De alumna a hija

Camila vivía un momento difícil. “Cuando me enteré que vivía en un hogar de chicos, decidí mandarle un mensaje a través de otra alumna. ‘Decile que la profe de práctica del lenguaje la extraña y la quiere ver’ al día siguiente, Camila estaba otra vez tomando notas en clase.

Así, a medida que pasaba el tiempo, la presencia de Camila era cada vez más importante. Miriam había formado un lazo más allá de lo académico.

Hasta que un día, la vio flaca, angustiada y no toleró más ese contexto hostil. “Dije ‘basta, no puedo verte así, vente a mi casa’. En las instituciones los chicos no tienen un adulto referente y están despersonalizados, eso tiene efectos graves en la salud emocional y cognitiva”, resalta la profesora.

madre e hija

Como familia, entonces, tomaron la decisión de sumarla de forma legal. Firmaron la guarda en diciembre de 2019. A los seis meses se dio la audiencia para renovar el proceso o concretar la adopción. Al ser mayor de edad, la decisión era de Camila. 

Actualmente, Camila incorporó el apellido de Néstor. Le construyeron una habitación para ella sola. Está cursando el anteúltimo año de la escuela secundaria y disfruta de esta etapa sin angustia ni preocupaciones y en familia.