Jael Díaz Ubilla
Por Jael Díaz Ubilla
Licenciada en educación. Estilista Integral y dueña de «El Aquelarre» (@beauty.aquelarre). Activista Body Positive.

Día sábado en la mañana. Me llega el mensaje de una amiga con un link y un conciso «Mírate». Entro al sitio, que no conocía, y veo una nota que titulaba «Chilenas que promueven el “Body Positive” y lucen sus hermosas curvas».

Mi reacción cuando vi mi nombre fue de una sorpresa enorme, más aún cuando compartía vitrina con otras chicas que caminan hace más tiempo que yo la carretera (porque es harta pega) de aceptarse, que tienen una voz potente, muchas consolidadas y miles de seguidores que las leen y escuchan. ¿Y cómo llegué yo ahí?

Desde hace un tiempo decidí darle un giro a mi Instagram personal y comenzar a publicar contenido que hablara de amor propio y aceptación personal porque sentí que hoy, a mis 32 años, muy cerca de los 33, tenía mucho que decir al respecto. Porque recién hoy puedo decir que realmente he llegado a aceptarme y quererme, incluso con todo aquello que no me gusta de mí.

 

 

Durante mi adolescencia sufrí bulimia nerviosa, trastorno alimentario grave que se caracteriza por periodos de atracones junto a la pérdida de control de la alimentación y la posterior inducción de vómito (o uso de laxantes) para deshacerse de las calorías consumidas. No fue una elección, no fue algo consciente, sino que fue una consecuencia de una insatisfacción con mi cuerpo. Insatisfacción de años alimentada por los medios obsesionados con la delgadez y perfección, por los comentarios de familiares y conocidos sobre mi peso, por sentir que no era suficiente mujer por no ser delgada.

La mente juvenil puede ser muy frágil y voluble. Mi autoestima era nula, tanto así que no me miraba al espejo ni siquiera para peinarme, usaba ropa muy ancha y abrigada incluso en verano, me saltaba la clase de educación física para no compartir camarín con mis compañeras, no sonreía nunca e incluso sentía vergüenza al desvestirme en el baño de mi propia casa para ducharme. Sentía asco por mi apariencia, por mi cuerpo. Puede sonar duro, pero esa es la palabra que describe lo que sentía.

Y toqué fondo no una sino que varias veces incluso ahora en mi adultez. Años de odiarme, de llorar, de no saber qué hacer, de darme cuenta que no quería vivir así me llevaron por un camino muy largo de autoconocimiento y aceptación de todo aquello que me gusta y no de mí, pero que en conjunto me conforman no sólo físicamente sino que como mujer.

 

 

Hoy vivo en paz con mi cuerpo, con las muchas cosas que ahora amo de mí, pero también con aquellas cosas que no me gustan y no puedo cambiar como la mala elasticidad de mi piel, mis estrías, mis arañas vasculares y las consecuencias físicas de la bulimia. Todo aquello que me recuerda dolores pasados es parte también de mi historia personal y es lo que me ha llevado a hablar de amor propio, de aceptación y sentir ganas de compartirlo. Porque sé que hay muchas niñas y mujeres que están donde yo estuve y se sienten sola.

Hoy existen las redes sociales, en mi época de oscuridad no; las palabras, los mensajes hoy pueden difundirse como nunca antes y si logro encender una llamita de esperanza en una niña o mujer que esté pasándolo mal, todo habrá valido la pena.