Puede que alguna vez nos hayamos sentido atraídos por alguien que no deberíamos, algo que sencillamente sabemos que tarde o temprano nos hará daño. Aquí te explicamos por qué sucede y qué debes hacer ante estas circunstancias. 

Enamorarse de alguien que no deberíamos es algo que muchos hemos hecho alguna vez y en efecto sabemos qué consecuencias trae. Un ejemplo de ello es poner nuestra mirada en la pareja de nuestro mejor amigo o amiga. Como también lo puede ser, empezar a pensar en exceso en ese compañero de trabajo, cuando nosotros llevamos años teniendo pareja estable.

¿Por qué sucede?

El ser humano se enamora de manera frecuente y esto no es algo que siempre podamos controlar. Estudios indican que enamorarse de alguien que no deberíamos sucede por el mecanismo de siempre: la neuroquímica. Es a través de este universo químico donde se manifiesta la atracción, el deseo, la obsesión y la necesidad de cercanía. 

Enamorarse de alguien que no deberíamos

Ahora bien, en el ámbito de esos amores no recomendables hay un elemento interesante. Según explica la profesora de neurociencia en la Universidad de Yale, Ruth Feldman, en buena parte de los casos el amor está regido por la dopamina y el sistema de recompensa del núcleo accumbens (interfase neural asociada en parte a la conducta sexual). 

De acuerdo a la revista de psicología La Mente es Maravillosa, la dopamina hace que, en ocasiones, la personas “prohibidas” o no recomendables nos parezcan más atractivas porque hay un componente de riesgo, un elemento que genera mayor sensación de recompensa e intensidad emocional. Todo es más complejo, peligroso, pero intenso a la vez y esas situaciones son más gratificantes e incluso adictivas para el cerebro.

¿Qué deberíamos hacer ante estas circunstancias?

Ir más allá de la atracción

Enamorarse de alguien que no deberíamos suele traer consecuencias. Los amores no recomendables lo son por alguna razón concreta. Bien porque ponemos la mirada en personas que pueden hacernos daño o tal vez, porque lanzarnos hacia esa relación puede afectar a terceros.

En esas circunstancias, vale la pena ir un poco más allá de lo que sentimos para mirar en perspectiva: ¿Qué coste puede tener esta relación? ¿Soy capaz de aceptar/manejar las consecuencias?

¿Es amor o es deseo?

Enamorarse de alguien que no deberíamos suele traer consigo este tipo de neuroquímica que orquesta básicamente el deseo, la atracción e incluso la obsesión. Porque admitámoslo, hay situaciones que se vuelven casi adictivas. 

El cerebro no puede dejar de pensar en esa persona porque establece el mismo mecanismo que en un proceso adictivo. Por tanto, deberíamos valorar si lo que sentimos es mero deseo o si por el contrario esa atracción es un amor real y auténtico.

La no correspondencia

A veces nos enamoramos de manera irremediable y trágica de alguien que, sencillamente, ni nos quiere ni nos querrá nunca. En buena parte de estos casos caemos una vez más en esas situaciones en las que vamos a la deriva del universo neuroquímico. Cuanto más inaccesible es una persona más aumenta su valor y nuestra obsesión.

De tal manera, debemos procesar estas vivencias como estados de ansiedad que hay que gestionar, y focalizar nuestra vida hacia otros intereses, nuevas metas y conocer gente que nos traiga otras perspectivas y horizontes siempre es positivo.

¿Merece la pena? 

En realidad no hay un manual de instrucciones que nos diga en qué momentos sí vale la pena arriesgar y cuando es mejor dar un paso atrás. Por término medio, podemos verlo en algo que trasciende al propio sentimiento. 

Debemos atender el compromiso, la alianza, la sintonía, la madurez, la confianza entre ambos, por ejemplo. Hay relaciones que aún siendo imposibles al inicio, acaban siendo amores conscientes que asumen el riesgo, lo sortean y asientan un vínculo feliz y duradero.